El funambulismo no necesita ni explicación ni mediadores, tampoco los necesita la poesía, pues ambos se basan en la emoción de contemplar el vacío en un instante efímero de creación que se consume en su propia pureza.
-Funámbulus-

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miércoles, 15 de junio de 2022

LA DANZA DE LOS CANÍBALES

 Soy la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente, ni su alimento.

                                                  El lobo estepario, Hermann Hesse.


Cada vez me interesa menos todo

Voy a olvidar todo lo que he sido

Quemaré todas mis naves

Abandonaré la muchedumbre sin dejar rastro

Dejaré que me crezca el pelo y las uñas

Caminaré descalzo hasta sangrar y el sol quemará mi piel

Estaré a punto de morir dentro del ojo de un cuervo

Hallaré mi pálpito en el corazón del bosque

Liberaré mi espíritu para que trepe a los árboles

Imitaré el trino de los pájaros al amanecer

Me disolveré como una piedra en el agua de los ríos

Me tumbaré desnudo sobre la hierba viendo pasar las aves

Dejaré que la lluvia se deslice por mi piel y me cubra de barro

Con uñas y dientes ascenderé las montañas más cerca del cielo

Pisaré la nieve que nadie ha pisado

En la soledad de la cumbre percibiré

Los últimos destellos del horizonte

Volveré a creer en los dioses

Estaré a merced del viento y del rayo

Sentiré el frio de la noche bajo las estrellas

Y cuando la luz de la Luna se apodere de mis pupilas

Dejaré de ser hombre para ser animal salvaje.




domingo, 16 de enero de 2022

MEMENTO MORI

 



La poesía es un revolver apuntando al corazón.

                                                                                             Roger Wolfe

El mundo está en guerra.

Y yo estoy en guerra con el mundo.

Es una dura batalla cada día.

Con la vida a flor de piel

la muerte va tomando posiciones.

Hay un francotirador siempre al acecho camuflado en el paisaje.

Oigo como silban las balas a mi alrededor.

Cada vez más cerca.

El cazador ha soltado a sus perros.

Yo continúo avanzando por un instante de vida.

No sigo senda alguna, voy campo a través.

A pecho descubierto con mi alma desnuda.





jueves, 29 de noviembre de 2012

AULLIDOS XV





Y te ofrezco a ti, lector
mi cabeza como un pedo
como el pedo atroz de vivir
hecho sólo memoria del vivir.
Leopoldo Maria Panero

Se ha desplomado la noche
dentro de mi cabeza vacía.
Suena el despertador.
El mundo me espera
con la mejor de sus sonrisas,
con sus leyes que me protegen
y me condenan a la sumisión y al aburrimiento.
He llegado a ser tan amable y condescendiente
que tanta cordura me volvió loco.
He sido capaz de escribir los versos más hermosos
en las nalgas voluptuosas de mis amantes.
He visitado los tugurios de puertos lejanos
donde los trasnochados jugaban con su vida
buscando la poesía en los ojos de una mulata.
He amado aunque la vida sea mortalmente intolerable.
He amado aunque luego me vea obligado a aullar.
Porque existe un algo muy oculto
que me empuja a aullar todas la noches,
que me obliga a escarbar desesperadamente
en las fosas de los desdichados,
de los suicidas que a nadie importan,
de los enamorados en descomposición,
de los fallecidos de muerte violenta
con sus pupilas horrorizadas,
de las víctimas de las catástrofes
cuyos esqueletos conservan las posturas del terror
que se adaptan maravillosamente a estos días que corren.
Adentrarme en la noche de los lunáticos
para exhumar impúdicamente
todo los oscuros secretos de las heridas de los vivos
me ha convertido en una bestia repugnante
capaz de babear todo el asco del mundo sobre las tumbas.
Por eso, estos versos infames no son versos,
son esputos, son un asco.
Pobre del que los lea.
Por suerte aún quedan buenos poetas
que escriben hermosos epitafios
mientras los cementerios se llenan de flores
y suena la música celestial.




martes, 14 de febrero de 2012

AULLIDOS XIV

Todos, todos tenemos una hora cobarde,
una hora de hastío cuando muere la tarde.
A. Storni

Como pasan los días...........
noche y sol, sol y sombras.
Tiemblan las carnes
de las bestias cansadas.
Estoy cansado, muy cansado
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día
cuando termina el sueño
dándome de bruces
con mi hocico enorme,
con mis fauces sedientas
con mi rabo degenerado
y mi lomo de perro.
Estoy cansado, muy cansado
de despertarme sin alas,
sin antenas
y tener que vivir pegado al suelo
para alimentarme de carroña.
La muerte aúlla y todo es agonía.
Estoy tan cansado
que hoy podría ser un gran día.

lunes, 23 de enero de 2012

AULLIDOS XIII

Oh, criatura delicada,
no he podido evitar
susurrarte versos de amor
y regalarte flores todos los días.
Me estremezco
al sentir tu corazón palpitante
encerrado en mi puño.
No soy tu ángel anhelado,
yo soy un monstruo sediento
que vaga por las noches de los tiempos
arrastrando sus cadenas.
Soy ese demonio del amor
capaz de despedazarte entera
de devorarte poco a poco
con la ternura de mis caricias
y la dulzura de mis besos.

martes, 11 de octubre de 2011

AULLIDOS XII

Nos tendimos como lobos en la pradera
para aullarle al viento.
Y fuimos una noche entera
presas de su furia y su lamento.

AULLIDOS XI

Poseído por los árboles y el viento,
por las montañas y los ríos,
por las noches y tú,
me he convertido en un lunático
de ojos siderales
despojado de todo.
Cada día que pasa
soy más primario,
más animal.
Casi no pienso.
Ya no hablo, aúllo.
Escarbo la tierra
buscando tu rastro.
Te ofrezco mi lengua,
esa que pronunció tu nombre
hasta extinguir la palabra
y el pensamiento humano.
Me gobiernan los sentidos.
Intuyo el peligro.
Ahora solo DESEO.
Deseo mirarte toda.
Olerte entera.
Lamerte el alma.
Morderte.
Amarte.

AULLIDOS X

Aquí estoy inmóvil, más estancado que un vicio,
agazapado, como un lobo antropomórfico,
esperando el momento más oportuno
para saltar sobre la presa más decente.
Mientras tanto construyo
los palíndromos más obscenos
para escándalo de las criaturas angelicales.
Es complicado confraternizar
cuando uno tiene el aliento nauseabundo.
Aquí cuelgo mis vísceras
pero sé que algo esplende.

AULLIDOS IX

Para esos momentos difíciles
de lobo solitario
guardo en un frasco de cristal
la pureza de tus besos
y el almíbar de tu sexo.

AULLIDOS VIII

Espera,
Espérate,
Espérame.
Aunque oigas mis aullidos
todavía no es el momento
de besarte como un diablo
hasta devorarte entera.
Déjame antes
rozar con mis labios
la fragilidad de los tuyos.
y deslizarme por el secreto de tu nuca.
hasta palpar
ese íntimo estremecimiento
de flor temblorosa.

AULLIDOS VII

Esta noche nigromántica
te has ido a volar con las brujas
y me he sentido más solo que nunca.
Has dejado la ventana abierta
y la luna se ha metido en mi vaso
de bourbon con hielo,
lleno hasta arriba de la soledad
de tus besos de blues,
ligeramente tristes e intensos.
Y como un perro fiel y sumiso
aguardo tu regreso
con largos y lentos tragos
que me queman las entrañas,
y me hacen aullar tu ausencia
como un poseso.

AULLIDOS VI

Y yo aquí, 
aullándote en mi colina,
buscando crisálidas perdidas
y hurgando en mis entrañas
unos versos imposibles.
Son momentos de síncope
por el narcótico de tus besos
que me convierten en un lobo etrusco
sólo pendiente de ti.

AULLIDOS V

Ahí estabas tú
en todo su esplendor,
joven y bella
tendida en el prado húmedo
entre amapolas rojas.
Multitud de caracoles
reptaban lentamente
por tu cuerpo desnudo
llenándote de baba purpúrea
y dejándote reluciente
como una ninfa de los bosques.
Y yo allí, catatónico,
mirándote embelesado
como a una Diosa.
¡ Oh, lobo idiota !
Se te está echando encima
la chusma vociferante
y vienen gritando
con espuma en la boca
¡ Ha sido él, ha sido él,
matar al lobo, matar al lobo !

AULLIDOS IV

Un día harto de todo
dejé de fingir.
Me echaron del trabajo.
Mi mujer y mis hijos me abandonaron.
Los acreedores se quedaron con todo.
Me quedé sin amigos.
Dormí tirado en la calle
bebiendo vino barato
y revolcándome sobre mis propios orines
como un animal marcando su territorio.
Tengo pelo por todo el cuerpo
y me he convertido en un hombre lobo.
En una noche de luna llena
 me tendí en la vía del tren
para dormir la cogorza
y por fin sucedió.
Ahora la vida es hermosa
y ando por ahí dando tumbos
con mi cuerpo decapitado
y mi cabeza sonriente bajo el brazo.
Soy invisible, nadie me ve
y mi felicidad es infinita.

AULLIDOS III

Tu belleza  es un destello de luz cegadora
que perturba mi alma negra.
La hiriente traslucidez de tu rostro
serán los últimos impulsos eléctricos
que mi retina enviará al cerebro
después de arrancarme mis ojos de lobo
para regalarte mi ceguera eterna.
Tu amor  es un destello de luz cegadora
que perturba mi alma negra.

AULLIDOS II

Largas noches de insomnio
de tormentas y tempestades.
La dolorosa transmutación de hombre a lobo
aullando a la Luna tu nombre.

Mi mente diabólica,
flor sucia de la vida,
te sueña con obsesa lujuria.

Yo en el infierno y tú en el mar jugando con delfines.

Qué fácil sería saltar el abismo,
y abalanzarme sobre ti.
Bastaría un pequeño mordisco en tu cuerpo
para convertirte en una loba famélica.

No temas,
eres intocable, amor imposible.

Yo en el infierno y tú en el mar jugando con delfines.

AULLIDOS I

Montañas lejanas,
pastos olvidados, caminos perdidos,
bosques ignotos,  árboles caídos.
El viento corre y crea sus sendas.

Allí,  
el espíritu del lobo es indómito
como el río que en su descenso
se desploma incontenible
mostrando su libertad
y rugiendo en  las cascadas
su fuerza vital.
Sus aguas limpias y frías
se desparraman dócilmente
por el lecho de los valles
y las piedras de los ríos brillan.

En las plácidas praderas
la luminosidad del día calienta la vida.
Estalla el esplendor cromático,
se extiende la concupiscencia
entre los insectos y las flores
y las fragancias se expanden
con la polinización.
El lobo se revuelca con fruición
sobre el rastro de la hembra
en la maleza.

En las altas montañas,
el vuelo majestuoso de las rapaces
traza círculos y premoniciones
y sus graznidos extraviados
estremecen a las criaturas temerosas.
Las últimas nieves ceden
diluyéndose en los ibones impolutos
donde se miran los ojos asustadizos
de rebecos sedientos.

Al atardecer se abren las heridas
con una gran hemorragia crepuscular
que se derrama sobre las cumbres
y todos los animales diurnos enmudecen.
Es la hora en que los ángeles
descienden con sus antorchas
sobre el paisaje que se vuelve penumbra.

Ya se palpa el latido de la noche
en el vuelo luminoso de algunas luciérnagas
y se van incorporando al runrún nocturno
nuevos cantos y murmullos,
mientras tanto
el cielo se ha poblado de estrellas y naves estelares.
Allí,
la noche es pura todavía
y los lobos sueñan en su guarida
con el brillo de la luna
entre silencios de piedras.

Y lejos, muy lejos……………....
resuenan en los barrancos
el chasquido de los látigos
sobre las jaurías de perros
y el ladrido de los hombres
que claman sangre.