El funambulismo no necesita ni explicación ni mediadores, tampoco los necesita la poesía, pues ambos se basan en la emoción de contemplar el vacío en un instante efímero de creación que se consume en su propia pureza.
-Funámbulus-

jueves, 6 de octubre de 2011

LA SOMBRA ERRANTE


Tal vez el mundo sea bello cuando el sol claro lo ilumina, pero soterrado en el silencio hay un río oscuro sin peces que se empoza y van a pudrirse sus aguas en el lodo. Soterrado en el silencio hay un hombre oscuro sin nombre que se le ve venir de la lontananza con su caminar errabundo y un pequeño hatillo bajo el brazo. No tiene nada que hacer, tampoco sabe adónde va, ni llegará a ninguna parte con su corazón de mala muerte. Habla poco y blasfema mucho porque las palabras bonitas se le han encarroñado en la garganta. Ha bebido mucho polvo. Lleva sobre sus espaldas un montón de piedras y rocas y se ha percatado de que en cada grano de arena hay derrumbe de montañas.

Donde hubo vida ahora hay olvido y donde hubo amor solo le queda un poco de ceniza de ese fuego que arde rápido y se apaga. Por eso, debajo de su piel quemada está lleno de noche y de frío. Y de horas de dormir al raso, a solas, entre el cielo y la tierra, entre los árboles y el viento. Lleva la soledad en sus bolsillos y siempre pasa de largo. Sabe que no hay camino ni lugar, ni puerta a la que llamar.
Al final, muerto el día, cuando los ladridos de los perros revelan esas horas lastimeras de hastío de dejarse llevar por el abandono, el hombre y su espectro se arrastran como haraganes por las sombras de las callejuelas, más allá del bien y del mal, más allá de las barras de los bares en las que a veces se bebe o se mata. Pero él no tiene ningún miedo, se le disputan, le aclaman, es el mejor jugando a la ruleta rusa y a todos les fascina su mirada de reptil cuando aprieta el gatillo y paraliza el tiempo y el silencio. A las putas les gusta su dinero salpicado de sangre y se le echan encima como serpientes con sus bocas abiertas, buscando entre los despojos de su alma y su fatiga ese fulgor oscuro, ese dolor amigo, y el sabor de sus besos agridulces que queman como el hielo.

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